La propiedad intelectual de variedades vegetales en Argentina

Los derechos de propiedad intelectual en el fitomejoramiento fomentan una mayor inversión en el sector semillero y permiten poner a disposición del productor más y mejores variedades de todos los cultivos. Un ejemplo de esto son los cultivos transgénicos que han permitido aumentar la rentabilidad del productor, disminuir el impacto ambiental y aportar al país más de 153 mil millones de dólares extra por conceptos de exportación.

El fitomejoramiento como actividad del intelecto humano

El mejoramiento de plantas, fitomejoramiento, es la aplicación de ciencia y tecnología para modificar la herencia de las plantas con el objetivo de producir más y mejores alimentos, fibra y energía. Es una actividad intelectualmente exigente que requiere creatividad, conocimiento científico y visión estratégica de las necesidades del mercado a futuro. Entonces, su resultado, una creación fitogenética o nueva variedad vegetal puede ser protegida por derechos de propiedad intelectual reconocidos en la Ley 20.247 (de Semillas y Creaciones Fitogenéticas).

¿Qué requisitos debe cumplir una variedad para ser protegida?

Una variedad vegetal, según la Unión Internacional para la Protección de Variedades Vegetales (UPOV), es un grupo de plantas, seleccionado dentro de una especie, que presentan una serie de características comunes. Para que se reconozcan sus derechos de propiedad intelectual, además debe poder distinguirse de otras variedades similares y mantener sus características a través de sucesivas multiplicaciones. En definitiva, debe ser nueva, distinta, homogénea y estable.

El derecho no protege una planta individual sino el resultado del fitomejoramiento: el conjunto de plantas que representa la variedad (germoplasma).

Autoridad de aplicación de la Ley 20.247

El Instituto Nacional de Semillas (INASE) es la autoridad que analiza los requisitos necesarios que deben cumplir las nuevas variedades para acceder a los derechos de protección. El INASE posee dos registros para las nuevas variedades: el Registro Nacional de Cultivares (RNC), donde las variedades deben inscribirse para poder ser comercializadas en el territorio nacional y el Registro Nacional de Propiedad de Cultivares (RNPC) donde pueden inscribirse para acceder a los derechos de obtentor (reconocimiento de la propiedad intelectual).

Derecho de obtentor ¿Qué protege?

El derecho de obtentor es un derecho limitado en el tiempo que concede el Estado al obtentor de una nueva variedad vegetal. Este derecho le permite prevenir que cualquier persona haga, use o venda su obtención vegetal por un plazo de 20 años. El derecho de obtentor no protege a la semilla como unidad morfológica, sino que protege su información genética (germoplasma) y el objeto protegido es la variedad vegetal donde se expresa ese germoplasma. Por lo tanto, no están sujetas a derecho de obtentor plantas individuales, partes de plantas o componentes genéticos aislados.

No todas las variedades están sujetas a derechos de obtentor, solo aquellas que están inscriptas en el RNPC del INASE. Además, este derecho es por 20 años, por lo que pasado ese lapso la variedad pasa a ser de uso público. 

¿Por qué proteger una nueva variedad vegetal?

El derecho de obtentor otorga la explotación exclusiva de la variedad por lo que su titular puede autorizar o prohibir la producción, reproducción, comercialización, importación y exportación del material de propagación de la variedad protegida. En otras palabras, el obtentor tiene seguridad jurídica frente a copias o usos no autorizados, posibilidad de licenciar la variedad, valorización económica de su inversión en I+D y herramientas legales para accionar frente a infracciones.

El impacto de la protección de variedades vegetales

El fitomejoramiento permite, entre otras cosas, aumentar la productividad y con la protección de las nuevas variedades el sector semillero puede invertir más en I+D para seguir mejorando los cultivos. En Argentina, la adopción de cultivos transgénicos aumentó los rendimientos, y redujo los costos de producción por lo cual la rentabilidad promedio del productor aumentó en 94 dólares/ha. A nivel país, permitieron aumentar las exportaciones y generar 153 mil millones de dólares en divisas en un periodo de 25 años. También generaron 93 mil nuevos puestos de trabajo en la cadena de valor. Respecto a la sustentabilidad, redujeron el impacto ambiental en un 30% al estar asociados a la siembra directa y necesitar menos laboreo del suelo (menos uso de combustibles fósiles y más captura de carbono en el suelo).

En nuestro país el 67% de las variedades protegidas corresponden a empresas o instituciones nacionales como el INTA, quien tiene la mayor cantidad de registros de derechos de obtentor, más de 250, porque inscribe variedades de todos los cultivos (cereales, oleaginosas, forestales, ornamentales, aromáticas, hortícolas). 

 


 



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