La mano de Dios, la mano del hombre

Cada mundial de fútbol está plagado de jugadas y goles polémicos donde el árbitro y, por supuesto, los espectadores se pierden el detalle de lo sucedido. Paralelamente, la industria semillera puede tener también variedades polémicas. Por eso, el hombre echa mano a la innovación para tener más precisión en las decisiones y más justicia en los resultados.

Todo comenzó en Inglaterra y vino en ferrocarril

En la década de 1860, se separaron dos hermanos (que se quieren, pero se pelean): el rugby y el fútbol. Así nació la primera Asociación de Fútbol del mundo, la de Inglaterra. Casi al mismo tiempo, con la migración de ingleses a nuestro país para la construcción del ferrocarril este deporte desembarcó en las pampas, jugándose el primer partido en los Bosques de Palermo (donde actualmente se encuentra el Planetario) en el año 1867. A tal punto arraigó la pasión por el fútbol entre nuestra gente que hoy en ese lugar hay un monolito que conmemora la ocasión.

Argentina fue un fiel discípulo de los ingleses y rápidamente comenzaron a surgir nuevos jugadores, primero desde los colegios donde se practicaba como deporte y más tarde desde todos los rincones del país para integrarse a los clubes recién formados.

A finales del siglo XIX, con el fútbol en pleno auge, se fundó la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), la más antigua de Sudamérica, la octava en el mundo y la primera del continente en afiliarse a la FIFA (Fédération Internationale de Football Association).

En la actualidad, con tres campeonatos del mundo en su haber y varios futbolistas criollos jugando en Inglaterra, Argentina ha superado a su mentor que solo ha conseguido un título mundial.

 

La mano de Dios

La frase “te amo, te odio, dame más” que inmortalizara Serú Girán en su canción Peperina, no puede ser más acertada para la relación futbolística que tienen Inglaterra y Argentina; la cual tuvo su punto cúlmine en el campeonato mundial del año 1986, cuando Diego Maradona hizo dos goles memorables para dejar en el camino a su eterno rival y conducir a la albiceleste a la cumbre del fútbol. Esos goles pasaron a la historia como “la mano de Dios” y el “gol del siglo”.

Así, la mano de Dios; aquella que nunca olvidaremos, pasó de ser inmortalizada por la canción de Rodrigo Bueno a una marca registrada en el Instituto Nacional de Propiedad Industrial (INPI) en las categorías 3 (productos de tocador), 16 (productos de papelería), 18 (productos de cuero), 28 (juguetes y video juegos), 33 (bebidas alcohólicas, excepto cerveza), 35 (publicidad), 38 (telecomunicaciones) y 41 (servicios de entretenimiento). 


¿Por qué tener una marca registrada?

Las marcas constituyen un sistema de protección de la propiedad intelectual. Se registran ante la autoridad nacional competente y son otorgadas para disminuir posibles confusiones en el público consumidor. 

Una marca es un signo que sirve para distinguir un producto o servicio de los bienes o servicios iguales o similares que sean originarios de otra fuente. A diferencia de otras formas de protección de la propiedad intelectual, una marca registrada puede mantenerse vigente para siempre en la medida que se compruebe su uso. Su duración es de 10 años, pero pueden renovarse indefinidamente. 

Diego Armando Maradona es una marca registrada en numerosos países, lo cual le permitió al futbolista cobrar por “derechos de imagen” y lo protegió del uso no autorizado de su nombre, semejanza u otros atributos personales. La marca de Cristiano Ronaldo, CR7, tiene un valor de mercado de 850 millones de euros, más de un cuarto de lo que cotiza Dekalb Genetics (alrededor de tres mil millones de euros), la marca emblema de semillas de Bayer (ex Monsanto).

De la misma manera, los clubes registran sus marcas y eso les permite posicionarse en puestos de prestigio en el fútbol internacional. Real Madrid es la marca más valiosa del fútbol, cotizando alrededor de 1.900 millones de euros; aproximadamente el mismo valor de la marca Seminis (también propiedad de Bayer), una de las principales desarrolladoras de semillas hortícolas del mundo.

  

La mano del hombre

Aunque no lo creas, el fútbol está repleto de creaciones derivadas del ingenio humano: obras literarias y artísticas (protegidas por derechos de autor), invenciones (protegidas por patentes), símbolos, nombres e imágenes utilizados en el comercio (protegidos por las marcas) y también numerosas variedades de césped (protegidas por derechos de obtentor). 

La propiedad intelectual es el reconocimiento de esas actividades innovadoras y constituye un derecho particular en favor de un autor u otros titulares de derechos sobre las obras del intelecto humano. Los derechos de propiedad intelectual se asemejan a cualquier otro derecho de propiedad, y permiten al titular del derecho impedir su uso no autorizado, beneficiándose de su invención o de su producto. 

Solo para mencionar algunos ejemplos, los derechos de autor protegen las mascotas y las canciones creadas para los mundiales y para que lo disfrutemos en millones de hogares de todo el planeta, los derechos de transmisión (y retransmisión) de los partidos. 
 

Innovación para el juego e innovación para las semillas

Si hablamos de patentes, en el fútbol debemos mencionar las innovaciones para la “detección de goles fantasma”. Desde el mundial de Brasil 2014 se implementa la tecnología de detección automática de goles, la que permite saber, por medio de sensores, si la pelota atravesó la línea. Estos sensores mandan una señal al reloj pulsera del árbitro. Otro ejemplo es el VAR (Video Assistant Referee), tecnología implementada en Rusia 2018. Este es un sistema compuesto por una serie de cámaras cuyas imágenes son evaluadas por árbitros de la FIFA en una habitación con monitores. Estos determinan la decisión que tomará el árbitro que está en el campo de juego sobre alguna jugada o gol polémico.

Las variedades de semillas, como las del césped que se usa en los campos de juego, se protege mediante derechos de obtentor. Estos reconocen el esfuerzo de los fitomejoradores para crear esa nueva variedad, proceso que toma alrededor de diez años. Es por eso por lo que las variedades necesitan diferenciarse unas de otras y, muchas veces, no se las puede distinguir por sus caracteres morfológicos (altura, color, forma de las hojas, etc.). Para ello el ingenio humano ha recurrido al uso de los marcadores moleculares, herramienta de la biotecnología que permite distinguir a nivel de ADN las diferencias entre dos variedades del mismo cultivo.

También a sistemas de escáneres que utilizan millones de imágenes, combinadas con IA para diferenciar variedades en tiempo real. La mayoría de estos métodos de identificación están protegidos por patentes. A su vez, tanto las variedades de césped como los métodos de detección pertenecen a marcas registradas.

 

En el fútbol, la innovación marca la diferencia y la innovación en la cancha y fuera de ella está protegida por los derechos de propiedad intelectual.