Si pasa en la cancha ¡Que también pase en el campo!

Cada cuatro años los mejores jugadores de fútbol salen a la cancha en una competencia que apasiona al mundo entero. Igual que cada país presenta su selección, la industria semillera saca cada campaña agrícola a sus “mejores jugadores”: las variedades mejoradas. Tanto la formación de un jugador como el desarrollo de una nueva variedad demandan mucho tiempo, conocimiento, personal altamente capacitado e inversión.

Cuando ambos llegan al mercado, se percibe un retorno económico por derechos de propiedad intelectual. En el caso del fútbol son los derechos de formación y en el de plantas, los derechos de obtentor. Fútbol y semillas comparten la misma regla: sin formación e inversión, no hay estrellas ni variedades que salgan al campo de juego. Continuemos explorando este paralelismo con el fútbol para comprender mejor la importancia de la protección y el fomento de la innovación en materia de variedades vegetales. Los invitamos a seguir leyendo este artículo.

 

Estrellas mundiales

Cada cuatro años los equipos de los países clasificados lucen sus mejores jugadores en una competencia que apasiona al mundo entero. Igual que cada selección se prepara para enfrentar a sus rivales, la industria semillera saca cada campaña agrícola a sus mejores jugadores: variedades mejoradas con mayor rendimiento por hectárea, resistentes a plagas y enfermedades, con mejor composición nutricional o adaptadas a estreses ambientales. 

Para obtener esas mejores semillas se necesita trabajar en un programa de fitomejoramiento, que al igual que formar un jugador de fútbol desde las inferiores, demanda mucho tiempo, personal altamente capacitado e inversión. Cuando ambos llegan al mercado, se percibe un retorno económico por derechos de propiedad intelectual. En el caso del fútbol son los derechos de formación y en el de plantas, los derechos de obtentor.

 

El 1% superior

No todos los futbolistas que comienzan su formación en las inferiores de los clubes llegan a ser profesionales y mucho menos campeones mundiales. En el fitomejoramiento pasa algo similar: de los cientos de combinaciones genéticas probadas en el campo, solo el 1% tiene probabilidades de convertirse en una variedad comercial.

Entonces, si hablamos de inversión necesaria veremos que obtener una variedad mejorada, con los últimos avances de la tecnología, tiene un costo cercano a los 100 millones de dólares e implica más de 10 años de trabajo hasta su llegada al mercado. En el fútbol, por ejemplo, el pase del campeón mundial 2022, Julián Álvarez, del Manchester City al Atlético de Madrid fue cercano a los 90 millones de dólares y desde su formación en Atlético Calchín hasta su debut profesional en River pasaron 15 años. Tanto la nueva variedad como Julián necesitaron más de 10 años de trabajo de numerosos profesionales y una inversión millonaria para poder llegar al mercado. 

 

La propiedad intelectual

Los derechos de propiedad intelectual son reconocidos en el Artículo 27 de la Declaración Universal de Derechos Humanos. A nivel local la propiedad intelectual reconoce protección constitucional en el artículo 17 de la Carta Magna y, a su vez, la Argentina es parte de numerosas convenciones y tratados que protegen este tipo de derechos.

Las variedades vegetales modernas son claramente producciones científicas y el reconocimiento a su desarrollo está contemplado en los derechos de obtentor. Este es un derecho limitado en el tiempo que concede el Estado al obtentor y le permite prevenir que cualquier persona haga, use o venda su obtención vegetal. En nuestro país el título de propiedad de la variedad se otorga por 20 años como reconocimiento a su actividad fitomejoradora (artículo 19, Ley 20.247). El derecho de obtentor no protege a la semilla como unidad morfológica individual, sino que protege su información genética (germoplasma) y el objeto protegido es la variedad vegetal donde se expresa ese germoplasma. 

Un futbolista llega a ser profesional por su habilidad, pero también por la formación que ha recibido y por eso los clubes gozan de un reconocimiento denominado derechos de formación, donde las instituciones que entrenaron a un jugador entre los 12 y 21 años perciben estos derechos al firmar su primer contrato profesional o en transferencias internacionales (FIFA, Anexo 4).

La importancia de la protección y el fomento de la innovación en materia de variedades vegetales y también en la formación de futbolistas es fundamental para seguir creando nuevas variedades y formando jugadores; es decir, es un círculo virtuoso. Por ejemplo, River Plate recibió 1.950.000 euros cuando Gonzalo Higuaín fue transferido de Real Madrid a Napoli y luego 450.000 euros por su pase de Milan a Chelsea F.C. Esos derechos contribuyeron a la formación de nuevos jugadores, entre ellos Julián Álvarez.

En el caso de las variedades vegetales autógamas (las que se autofecundan como el trigo o la soja) es muy difícil en nuestro país ejercer los derechos de obtentor porque el productor puede hacer uso propio del producto de la cosecha, grano, como semilla sin pagar al obtentor por esa reutilización de su variedad. Es como si en cada pase no se pagaran los derechos de formación. Esto limita la inversión destinada a la obtención de nuevas variedades de esos cultivos y puede conducir al retraso tecnológico de nuestra agricultura.


Si pasa en la cancha ¡que también pase en el campo! Es necesario reconocer los derechos de obtentor para fomentar la investigación y el desarrollo de nuevas variedades que hagan competitiva a la agricultura argentina.